En el mes de diciembre del año pasado, el país se vio impactado por la noticia del maltrato descubierto en la Sociedad Protectora de Animales Benjamín Vicuña Mackenna. A pesar de que por años se conocieron rumores acerca de lo que sucedía en aquella institución, sólo el año pasado se inició una investigación que permitió dar a conocer el lamentable estado de los animales que allí se encontraban.
Como alumna tesista, en esa época, de la Universidad Mayor, fui parte de los cientos de voluntarios que llegamos a ese lugar con muchas ganas de ayudar. Fueron principalmente estudiantes y profesores de Medicina Veterinaria de la Universidad Mayor, y Médicos Veterinarios de MEVEPA los que por 3 semanas trabajaron codo a codo para darles atención a los casi trescientos perros y decenas de gatos.
Yo no estuve presente el primer día, cuando las brigadas de la universidad llegaron al lugar invitados por La Ley de la Selva, pero varias personas me contaron sus experiencias. En ese momento se pensaba que era sólo un operativo por un foco de Distemper. Pero lo que vieron al entrar los tomó a todos por sorpresa. La televisión mostró el estado en que se encontraban los animales, pero no pudo mostrar los ratones corriendo por todas partes, comiéndose a los animales enfermos, el olor a muerte que se respiraba. Ninguno de los que estuvo ahí ese día lo olvidará.
Luego de algunos días de limpieza, desinfección, desratización y organización, el lugar se volvió más habitable. Los caniles eran desinfectados todos los días, los animales eran alimentados y tenían agua a libre disposición, algo que puede parecer obvio, pero que no era la norma en la protectora.
En cuanto a la salud de los animales, lo que se puede poner en palabras no alcanza para describir la cantidad de animales enfermos y descuidados. La mayoría de los animales con condiciones corporales bajísimas, muy flacos, sucios, hediondos. Pero era increíble que a pesar de eso, nos recibían contentos, moviendo la cola.
Hubo que separar a los animales enfermos de los aparentemente sanos. Cada día era de arduo trabajo, ya que nos encontrábamos en las mañanas con más animales enfermos. Iban mostrando síntomas día tras día, y llegamos a pensar que todos iban a enfermar. Pero con el paso de los días, los animales que amanecían enfermos no eran tantos.
Mientras, los animales enfermos recibían tratamiento, pero a veces no podíamos hacer mucho por ellos, excepto tratar de que no sintieran dolor, que no se sintieran tan mal. Y tuvimos momentos duros, con lágrimas y tristeza cuando nuestros perritos morían. Porque los sentíamos nuestros. Muchos de los voluntarios se encariñaron tanto que terminaron adoptando a algunos animalitos.
Por las condiciones en que se trabajaba, con la imposibilidad de sacar animales del lugar, ya que se encontraba en curso una investigación criminal, y por la magnitud tanto del número de animales como de las enfermedades infecciosas presentes, al comienzo era difícil pensar que la inmensa mayoría de los animales de la protectora se salvaría. Sin embargo, al final del operativo, habían muchos perros y gatos sanos, que fueron bañados y peinados para la jornada de adopción. A todos se les vacunó, desparasitó y se entregaron a sus nuevos dueños en las mejores condiciones posibles, incluso con promesa de seguimiento médico en varias clínicas veterinarias.
La gente se portó excelente y todos los perros y gatos fueron adoptados, dejando la Protectora desierta cuando terminó el tiempo que la fiscalía asignó para nuestra intervención.
Al final, fueron semanas de trabajo duro, de cansancio y a veces tristeza, rabia y desesperanza, que luego se transformaron en alegría, esperanza y la sensación de un objetivo cumplido.
Las cosas que me quedan en la memoria son muchas, pero hay algunas en especial: el entusiasmo con el que los alumnos participaron, levantándose temprano, trabajando muchas horas incluso fines de semana y feriados, sin pedir nada a cambio, ya que no recibieron mejores notas o beneficios en la universidad. También la vocación de los Médicos Veterinarios que donaron su tiempo y dejaron de trabajar en otros lugares para participar en este operativo. La gente de la Ley de la Selva, que se portó excelente, trabajando codo a codo con nosotros. Los profesores y gente de la universidad que trabajaron incansablemente organizando y dirigiendo todo.
Después de todo, da mucha pena que sucedan estas cosas, que los animales sean tratados como si no sintieran dolor, como si no merecieran nuestra compasión, nuestra ayuda. Sobre todo porque cada día podíamos comprobar que el amor que ellos nos brindan es totalmente desinteresado. Pero es esperanzador que ante este tipo de problemas la gente responda de manera tan grande y con tanta fuerza.
Se necesita urgentemente una ley de protección animal, si duda, pero además se requiere un cambio de mentalidad. En la gente que abandona a sus animales. En los jueces y legisladores. En toda la sociedad. Es importante que la gente entienda que el maltrato animal no es sólo pegarle a un animal… también es no alimentarlo o darle agua, no cuidarlo, no proporcionarle refugio. El maltrato por omisión es tan terrible como el daño físico directo, pero muchas veces no se considera como tal.
Por lo menos, estoy segura de que hasta que el cambio de mentalidad se instale en la sociedad, va a haber gente que ama a los animales que responderá con fuerza y pasión ante tragedias como la de la “Protectora” de Animales.
Sole Gómez - Administradora - Club de Hurones de Chile solegomez@hurones.cl